Cuando la severa crisis energética se produjo, hace exactamente dos años (febrero del 2010), el Poder Ejecutivo dispuso la remoción del entonces titular de la ANDE, Sixto Amarilla, en el entendido de que un nuevo presidente lograría reencauzar tanto administrativa como técnicamente a esta importante repartición estatal.
Dada la gravedad de la situación, las dos cámaras del Congreso procedieron a declarar la emergencia energética y concedieron una ampliación presupuestaria de 83 millones de dólares a la ANDE, con lo cual el ente estaría en condiciones de adquirir una serie de equipos que supuestamente permitiría paliar los sucesivos cortes de energía eléctrica, y evitar la repetición de la penosa experiencia que la ciudadanía debió atravesar en años pasados.
En aquella oportunidad, el nuevo titular de la ANDE, Germán Fatecha, prometió “ajustes y solución a problemas estructurales” de la entidad. Ahora, constatamos que no solamente esto no ha sucedido, sino que están volviendo a repetirse los mismos cortes de energía, sin que las autoridades del área estén en condiciones de dar una respuesta mínimamente coherente que satisfaga a la población.
No puede ser que, a raíz de una leve lluvia, colapse por completo el sistema energético de una ciudad o de todo un departamento, sin que la Ande pueda reaccionar en tiempo y forma. O casos aún peores, de vecinos de barrios que debieron llegar a las manifestaciones violentas, tras soportar una semana sin el suministro de energía.
La eterna excusa es la “sobrecarga de demanda” que está soportando la ANDE, a raíz de las altas temperaturas y a un aumento en la compra y el uso de los aparatos de aire acondicionado.
La respuesta es al mismo tiempo infantil e impropia. ¿Acaso la crisis energética del año pasado no se produjo precisamente por la “sobrecarga de demanda” y las altas temperaturas? ¿Esa traumática experiencia para la ciudadanía no debía servir para que la ANDE tomara todas las precauciones del caso y efectuara los “ajustes y solución a problemas estructurales” prometidos años atrás?
Mientras todas estas marchas y contramarchas se suceden, siguen registrándose las cotidianas reuniones de la “Mesa Energética” del Poder Ejecutivo, continúan remitiéndose informes desde un poder a otro del Estado, nuevas y prometedoras declaraciones se formulan, pero la ciudadanía no ve la superación definitiva de un problema que ya se viene arrastrando desde hace mucho tiempo, y que la somete a un constante e innecesario vejamen y perjuicio.
Con cada corte de energía, los paraguayos se continúan preguntando cuándo llegará la hora en que sus autoridades tengan la valentía y la determinación de superar el –por lo visto– indescifrable dilema y paradoja que significa gobernar uno de los países que producen mayor cantidad de energía en el mundo, pero que no tiene la capacidad de asegurar la transmisión de la misma para que en los hogares de la gente nunca más siga habiendo heladeras, televisores y aparatos de aire acondicionado sin funcionar por la absoluta incapacidad de quienes manejan la ANDE.




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