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Arlequines

Pese a que se ha vuelto algo casi tradicional tener a representantes poco útiles para lo que se requiere desde estamentos de poder, es necesario analizar los impactos que ello genera.

A cada periodo legislativo se repiten conductas de arlequines investidos por el pueblo como diputados y senadores, es así que desde tiempos inmemorables, el Alto Paraná contó con electos para cargos en el Congreso, que despertaron antes que esperanzas de acciones positivas, burlas por la tremenda ignorancia y por lo circense. A los Brítez, Zárate, Chilavert, Gómez, Cubas, Portillo y otros payasescos, se ha sumado al pedestal histórico  los Rodríguez.

Sin ir muy atrás en la historia política, representantes del Alto Paraná ya han brindado espectáculos circenses, antes que cumplir con obligaciones legislativas absolutamente claras.

Desde sinvergüenzas a pintorescos políticos, han sido privilegiados por la misma ciudadanía con curules en Asunción, desde donde potenciar inconductas y siendo actor de shows como máxima acción en pos del pueblo.

Lo contemporáneo es más visible nada más por el hecho de que los “honorables” se valen de redes sociales, para mostrar cuan estúpido se puede ser.

Es así que se tiene una capacidad admirable de derrochar necedades novedosas, como criticar controles de la Patrulla Caminera, y la ineficiencia de estos en “atajar” a traficantes y malvivientes. Nadie pone en duda que los controles de esta instancia ministerial, tienen más de extorsivos que de prevención de accidentes, pero el Doctor Guillermo Rodríguez debería conocer cuanto menos, las responsabilidades de los estamentos, sus facultades y limitaciones legales. Bueno, eso teniendo en cuenta que un legislador debe ser custodio y generador de las leyes, suponiendo que para ello lo básico sería conocerlas.

El calco parece un chiste de mal gusto, pero se sigue teniendo como constante la misma inoperancia, ignorancia y desinterés por la noble labor de legislar a favor de la ciudadanía. El populismo no suma absolutamente en nada, solo es una cortina de humo que busca cubrir necedades y recibir aplausos por ello, pues siempre hay séquitos que respaldan lo ridículo.

A modo de recordatorio de lo absurdo, fue un altoparanaense el que pidió no sanción penal para el robo bagatelario, y en el presente se hicieron reclamos por el bajo ingreso de un diputado, ya que se gasta mucho por trabajar tres días en la capital del país.

La situación de poco caso a la región Este, teniendo a importante número de diputados y senadores, es precisamente por lo de cantidad antes que calidad.

Pero la ciudanía se ve castigada por la miserable representación, debido a su criterio de elegir a  borregos como parlamentarios, pero lobos a la hora de populismo y fines de bolsillo.

Si bien existen excepciones, casi indetectables, los que responden a quienes están en ejecutivos, lo hacen sin cuestionar absolutamente nada, como marionetas, y los que critican lo hacen buscando solo algún rédito político o económico, sin observar  la función de contralor.

Con bobos de la corte no se podrá avanzar a nada de lo necesario para el departamento, que lidia con los mismos dramas de siempre.

Ser un verdadero legislador va mucho más allá de la exposición general de quienes ejercen dichas funciones y de tener chapa diplomática.

Repetir episodios pintorescos debería dar vergüenza, primordialmente en quienes alardean por títulos universitarios. Pero qué se puede esperar de científicos que desechan la ciencia.

En determinados casos, ni siquiera se necesita una instrucción superior para plantear leyes y gestiones que generen soluciones a problemas sociales, así como conductas acordes a cargos, sino sentido común y menos payasadas.

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