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Calidad por sobre cantidad

La producción legislativa, ya sea a nivel municipal, departamental o nacional, ha sido una cuestión de mediocridad casi general, por razones que van desde la poca capacidad intelectual hasta el desinterés de quienes ocupan espacios en estamentos de representación ciudadana.

Pero es importante señalar que debido a una multiplicidad de leyes que regulan casi todo en el país, lo más aproximado a construir legislación está en aggiornar las leyes, una tarea realmente importante y necesaria. Para ello irremediablemente deben existir ciertos requisitos, primero el conocimiento de los conjuntos legales y segundo la suficiente capacidad para interpretar su adecuación al presente.

De la misma forma, no hay que confundir cantidad con calidad, pues hay senadores, diputados, concejales municipales y departamentales que suman propuestas, proyectos, minutas y declaraciones del mismo valor que la suma de ceros.

Y como lo más cercano para el ciudadano es una Junta Municipal, sería interesante conocer  los efectos de las labores planteadas por ediles desde sus curules para bien de la sociedad  al que dicen representar. De momento los concejales, en una absurda mayoría, solo resaltaron por incongruencias, rabona y vyrorei.

Autocongratularse por declaraciones de interés sobre determinadas acciones, intenciones o propósitos, es un chiste, al menos para el pueblo que comprende con meridiana claridad cuáles son  las funciones de los ediles. Ser calentadores de sillas es un robo.

En términos generales, los integrantes de una Junta Municipal tienen facultades de sancionar, autorizar y regular resoluciones, ordenanzas y reglamentos en materia de competencia municipal, así como todo lo concerniente al control del correcto uso de recursos públicos y sus derivaciones. Sobre estas premisas caben los análisis objetivos de cuan útiles o inútiles son los ediles. Sin excusas, sin términos medios, todos los que solo estén para ser títeres de ejecutivos y tener de apodo concejal, son inservibles para la comunidad.

La desnaturalización de la labor legislativa hace que en este tiempo se tenga como máxima propuesta de algunos concejales, declarar el día del asado.

Los presupuestos utilizados para el funcionamiento de las corporaciones legislativas son altísimos, por lo que además de inútiles, resultan extremadamente costosos. La rendición de cuentas también es aplicable a legisladores comunales, y esto no debe ser ignorado por la ciudadanía, pues al final son sus representantes.

Las malas experiencias de tener a inoperantes, payasos y malvivientes como concejales, deberían ser guías para no volver a caer en el error de elegir a mediocres, pues todos volverán a buscar respaldos populares para continuar disfrutando de los privilegios otorgados por el cargo, donde se hace poco y se gana mucho.

Lo inservible no puede ser opción para nadie, por ello hay que tener memoria, y no dar oportunidad a quienes desperdicien la confianza comunitaria. Los que no cumplen con preceptos de una correcta representación no deben jamás volver a tener protagonismo, al menos fuera del circo.

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