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Calidad y calidez

El último suceso plasmado sobre la malvivencia en salud pública, donde el desinterés y la omisión de auxilio fueron expuestos, no tiene nada de novedoso, siendo el padecimiento constante de la ciudadanía menos favorecida, que acude a un servicio de salud pública buscando algún alivio, pero recibe indiferencia y malos tratos.

La importancia de una real atención de calidad y calidez en la salud pública garantiza el bienestar integral de la población, no siendo esto ningún regalo, sino obligación primera de las autoridades. Una atención médica que combine calidad y calidez no solo mejora los resultados de salud, sino que también fortalece la confianza de la ciudadanía en el sistema sanitario, estando como obligación legal de trabajadores de salud.

Una atención de calidad se refiere a la provisión de servicios sanitarios según los estándares científicos y clínicos reconocidos, lo cual es esencial para prevenir, diagnosticar y tratar enfermedades de manera efectiva. Cuando los profesionales de la salud cuentan con los recursos necesarios, formación continua y protocolos adecuados, pueden ofrecer diagnósticos precisos y tratamientos eficaces.

Por su parte, la calidez en la atención se manifiesta en el trato humano y empático que los profesionales de salud brindan a los pacientes. En un sistema de salud público, donde a menudo las personas enfrentan largos tiempos de espera, recursos limitados, y el poco caso,  un trato cálido es lo mínimo que pueden cumplir quienes reciben salario justamente para ello.

La empatía y el respeto hacia los pacientes no solo mejoran su experiencia durante la atención médica, sino que también pueden acelerar su recuperación al reducir el estrés y la ansiedad, por lo que resulta inexcusable no adoptarlo.

En Paraguay, como en muchos otros países, existen desigualdades en el acceso y calidad de los servicios de salud. Una atención de calidad y calidez ayuda a mitigar estas desigualdades al asegurar que todos los pacientes, independientemente de su condición socioeconómica, reciban un trato justo y compasivo. Esto es vital para garantizar la equidad en salud y para que los servicios lleguen de manera efectiva a las poblaciones más vulnerables. Los que no se adecuen a ello, por más títulos universitarios que tengan, no son más que inservibles.

Un sistema de salud que prioriza tanto la calidad técnica como la calidez en el trato está mejor posicionado para responder a las necesidades de la población, por lo que desde el Gobierno se debe tomar con la seriedad debida. La formación continua de los profesionales, la implementación de políticas que promuevan la empatía y la humanización del servicio, así como la inversión en infraestructura y tecnología, son elementos que fortalecen el sistema sanitario en su conjunto y ya no deben ser postergados.

De la misma forma, las malas personas no pueden ser buenos profesionales, y más aún cuando se trata de ámbitos como la salud pública, donde el buen trato y atención debida no son opcionales, sino obligación. Los que no estén contestes con esta posición mínimamente humana, no deben seguir en cargos.

No inmutarse con el dolor ajeno, para los de blanco primordialmente, es un delito que merece sanción penal.

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