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Caligulescos

Si bien hay mucho de relato fantasioso y tergiversado en torno a la vida del emperador romano conocido como Calígula, se atribuye el mote de caligulesco a acciones derivadas del poder basadas en depravación enfermiza.

Sin ánimo de proponer una inquisición y mucho menos exponer una falsa moral típica de la mayoría, todo lo destapado en las últimas horas en relación a los honorables miembros del Congreso Nacional es denigrante, sirviendo únicamente para acrecentar lo deplorable de vida y conducta de la clase política. Pero no solo en dicho nivel se vive lo caligulesco, teniéndose muestras constantes de lo inmoral en propias comunas cercanas.

Y si bien no se colocó como cónsul a caballos, muchos de los parientes genéticos de dicho cuadrúpedo sí están en cargos de relevancia en la misma Municipalidad de Ciudad del Este.

Ni el propio Cayo Julio César Augusto Germánico se ha animado a tanto, pues Incitatus no obtuvo el privilegio de otros asnos venidos a asesores.

Una persona pública está expuesta a cuestionamientos por inconductas a lo que se puede atribuir el clisé de vida privada, y la misma norma contempla comportamientos conforme a investiduras, no solo en asuntos oficiales, donde igualmente se falla. No se es hipócrita al sacar a la luz depravaciones de “no ladrones del anarquismo”, pues desde la tarima han sido juzgadores de lo correcto e incorrecto, cargando tinta sobre los inmorales de otras nucleaciones políticas, pero vivenciando lo mismo. Mismos embaucadores, colores distintos.

Y siguiendo la línea de lo vicioso y denigrante, existen personas cuya caradurez extrema les hace aparecer en público ofreciendo trabajo como parte del populismo inmisericorde que vivencia desde instituciones comunales, mientras sus funcionarios no cobran haberes hace meses. Sin rubor, obviando obligaciones mínimas de cualquier administrador de medio pelo.

Alardear de acciones mediocres, magnificándolas, solo puede ser atribuible a un insano, o pillín, que cree que la mayoría es torpe, y que con videítos se dejan impresionar.

La gente vive, o mejor padece con la realidad de mediocridad municipal consuetudinaria, por lo que cada vez más detesta burlas venidas de sus autoridades, que prometen todo, como asfaltar tramos de la ciudad  1 kilómetro por día, persuadiendo el gasto del dinero del contribuyente, pero en casi un año de función, ni siquiera el 10 por ciento de lo comprometido se cumplió. Sin entrar a considerar vivencias de Calígula que también imperaron a nivel distrital, se ha copiado todo lo malo de gestiones anteriores, utilizándose los mismos argumentos de culpables malvivientes.

Hay que tener memoria, y como población no ser complaciente con delincuentes de guantes blancos, y amorales. El fiasco no es ninguna invención, sino palpable en las calles en pésimo estado, en el servicio de transporte, en la mora del pago de salarios, en los negociados con plata de la gente, y en el dolo en tiempo de emergencia.

Mientras se tenga a un personaje que, si bien no le declaró la guerra al mar como Calígula, se pasa solo resaltando por bravucón y  vedetismo, se aproxima a cerrarse un ciclo dentro del mismo molde de lo  poco transparente y  de impunidad.

Ya no se debe permitir la vigencia de estafadores de la esperanza ciudadana.

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