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Defensa de la soberanía

El gobierno propio de una nación, es una cuestión natural de su formación, por lo que ejercerla dentro de los conceptos legales no atenta contra absolutamente nada.

Un aspecto importante a tener en cuenta es que el ejercicio de esa defensa debe ser plenamente bajo el propósito benéfico del pueblo, quien es la autoridad máxima.

Lo hecho hasta el momento con relación al abuso y desconsideración de la República Argentina, corresponde a mencionados criterios, y deberían seguir por el mismo trayecto a fin de dejar de ser tenidos como vasallos de otros pueblos.

El Paraguay, al ser independiente y contar con excedentes en su principal producto, la energía hidroeléctrica, tiene la facultad de disponerla conforme su mejor uso. La binacionalidad de hidroeléctricas tiene normas, reglas que son de uso y dominio. Ellas habilitan a lo actuado y es importante no caer en incongruencias políticas.

Todo acto con ropaje de soberanía no debe ser solo populista, de allí la trascendencia de que todo sea conforme a Derecho. No pagar por el excedente paraguayo utilizado, no es exigible como derecho, por lo que el chiste se cuenta solo.

La consecuencia de lo que no es correspondiente tiene efectos, y esos efectos no son más que ejercicio del deber que se asumió ante el pueblo, al que se representa desde el Poder Ejecutivo. Ser paciente es propio de la diplomacia, pero cuando la negativa y la irreverencia son respuestas sucesivas, quedarse quieto no resulta.

Nuestro país asume nada más lo debido y deberá seguir siendo así, pues los atropellos de naciones vecinas y no vecinas, anclan a las injusticias y perjuicios, restando reivindicaciones históricas olvidadas por cobardías y desinterés de dirigentes que se sucedieron en el Palacio de López, y de otros nefastos personajes “legionarios”, como la senadora Celeste Amarilla.

De la misma forma, exigir respeto, debe ir asociada al respeto, por lo que actitudes deben seguir siendo coherentes. En el concierto de las naciones, nadie puede ser tenido como pequeño o menospreciado por potencias. El regionalismo se edifica bajo ese cimiento, el respeto a la autodeterminación.

La falta de dinamismo en el bloque del Mercado Común del Sur, por el proteccionismo egocéntrico de los “mayores”, ha fortalecido las asimetrías antes que combatirlas. Valerse de espejitos ha sido estrategia colonialista para despojar, por lo que no puede ser tenida como apropiada en este tiempo.

Hay una deuda histórica con Paraguay, que desde el genocidio trinacional es intentado dejarse de lado. Cuanto menos reconocer la misma, respetando el derecho ajeno, y en este caso puntual,  normado para el uso de la hidrovía, debería ser conducta mínima de autoridades argentinas.

Si la razón y la consciencia no son suficientes para entender asuntos, entonces acudir a mecanismos disponibles de soberanía son aciertos. El Paraguay es un vecino correcto, sacudido y denigrado por la tragedia de la avaricia que sembró la hecatombe de la cobardía de tres naciones, por lo que respetarlo no es un acto solidario, sino deber moral e histórico.

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