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El disparate que puede llevar a UTI

Al parecer sigue existiendo la falta de tino, por no decir otro tipo de ausencia como el propio sentido común, pese a miles de muertes y padecimientos terribles vividos no hace mucho tiempo.

Si bien en este tiempo hay más camas de Unidad de Cuidados Intensivos en ámbitos de salud pública y previsional, pero nunca lo suficiente, no precisamente se puede tener como opción padecer enfermedades que llevan casi directo a UTI, como quedó demostrado incluso en este tiempo donde el Covid-19 ya no despierta el mismo temor general.

Habría que preguntar a quienes padecieron por el virus, si quisieran volver al mismo tenor de dolor y desespero, y no precisamente dar cabida a perorateros que incentivan ser descerebrados y optar por no vacunarse.

La realidad debería motivar el esfuerzo general por evitar ingresar al servicio de salud de última instancia y no la opinión de los antivacunas.

La prevención es sin temor a equivocaciones la mejor opción, valiendo esto para la generalidad, por lo que seguir eludiendo esa responsabilidad personal y comunitaria, re aproxima a innecesario dolor y posibilidad de deceso.

Las estadísticas son tan claras, que solo son oscuras para quijotescos que prefieren ver gigantes a molinos de vientos, aceptando ficciones como realidades, pues la ignorancia adrede hace temer hasta a reflejos en el espejo.

No existen aspectos verosímiles para desacreditar inmunizaciones, pues casi la generalidad de muertes por la patología, se dieron en no vacunados.

Si bien la conciencia ciudadana no se pone muy en práctica todas las veces, la posibilidad de dolor y altos gastos económicos, son componentes útiles para cuanto menos tomar en serio al virus.

El distanciamiento social, la higiene de manos y el uso de tapabocas, son cuestiones factibles, fáciles y que alejan de severidad de varias patologías, pero la memoria dejó de funcionar, pasando desapercibido una vez más dichas prácticas preventivas.

En el mismo tenor, las vacunas pueden salvar vidas y siguen estando al acceso de todos, incluso de cavernícolas que se autoasignan superioridad científica siendo nutricionista de baja monta.

El pedido reiterado de los encargados de salud, ya es suficiente como para entender, que no es cualquier cosa obviar vacunarse contra enfermedades prevenibles por dicha vía.

Incluso quienes no creían en la incidencia o severidad del virus fallecieron por ella, por lo que soberbias, o mejor ignorancias, no salvan.

Al menos si se tiene un mínimo de instinto de sobrevivencia, las prácticas preventivas deben ser puestas como común y diarias. Si no gustan las vacunas, al menos que se valgan de las medidas de prevención.

Seguir escuchando filosofía de simios aproxima al absurdo tormento innecesario que luego pude convertirse en irremediable. La irresponsabilidad de uno afecta a todos, siendo esta cuestión el motivo primordial de insistencias. Si cada uno con su conducta o inconducta no afectara a terceros, pues bien, no habría cuestionamiento alguno al disparate.

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