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El menosprecio al conocimiento científico por filósofos de la necedad

Históricamente la humanidad ha presentado especímenes que solo tuvieron la capacidad de dirigirse dentro de creencias absurdas, no admitiendo razones ni con comprobaciones lógicas. Pese a que es absolutamente natural el proceso de evolución, hay sectores que se niegan a salir de la vivencia que supere más allá de sus narices. Gustan del oscurantismo.

Y de ese mismo sector, casi siempre han sobresalido por lo absurdo los filósofos de la necedad, brillando por la ignorancia consentida, liderazgos mediocres y seguidores con alta credulidad en sentencias que no pueden confirmar usando la razón.

Si bien hay una mayoría de gente que entiende que la ciencia es el motivo de la subsistencia y la mejoría de calidad de vida, que históricamente  ha desnudado a hechiceros, desechado profecías necróticas de mediocres, desacreditado a mesianismos de bestias, los de la religión de la ignorancia hacen mucho ruido.

Es hasta poco creíble que existan personas, incluso con mediana formación académica, que no den credibilidad a estamentos que por cientos de años han curado enfermedades que mataban a miles, por sostenerse en preferencias de depositar confianzas en el curandero espiritista, en la hoja de banano y pócimas mágicas.

No es nueva la vigencia de mentes rectangulares que sigan sin creer que la Tierra tenga forma similar a la esfera y no sea plana. Sigue existiendo quienes por ego creen que el sol gira alrededor de ellos, al fiel estilo de los detractores de Galileo Galilei.

Tener como fuente de información a chamanes del TikTok, no precisamente es estar bien informados. Atesorar fakes news y tener como fuente de noticias objetivas a las redes sociales, es tan idiota como peligroso.

Pero el hecho no es simpático, pues se sigue expandiendo ideas descabelladas sobre acciones de los Illuminati, del nuevo orden mundial  para controlar a la humanidad con chips venidos en vacunas o que colocan caducidad a la vida de los inmunizados, y toda la perorata ya conocida por los profetas del apocalipsis. Sin ánimo a ofensas, se debe decir que lastimosamente la vida de un ignorante no valdría tanta inversión como para que  conglomerados de poderosos personajes manejen miserables existencias de quienes temen lo que minuciosos estudios y comprobaciones dan fe de utilidad.

Lo simpático es que efectivamente son absolutamente manejables, vulnerables e influenciables.

Sigue vigente la industria de la desinformación, y es sobre ello que sí caben las dudas de los reales objetivos de los “anti-vacuna”, pues es definitivamente rebatible vídeos preparados y tendenciosos. Miles de muertos dejados por la pandemia, pareciera no servir como para generar conciencia. Lo que si se debería prohibir es tener a idiotas como Diputados, de modo a que los Guillermos Rodríguez vayan a predicar a organismos unicelulares.

Una científica, con décadas de preparación en el estudio de virus, bacterias y acciones para mitigarlos, debería pesar mucho más que el parecer de un nutricionista que ni siquiera en lo suyo se destaca por ciencia.

La humanidad se debe a los científicos, no a carentes de inteligencia. Pero el no querer ver la realidad es una enfermedad que ni Louis Pasteur’s, Max Theiler, John Franklin Enders, y otros grandes propulsores de la vigencia del uso de vacunas para combatir enfermedades y reconocidos con Nobel de Medicina, podrían curar.

Tener como guías a exponentes de la talla de Rodríguez, no precisamente conducirá a buen puerto. Preferir populismos ha sido un gran problema, pues ser fanático de la ignorancia afecta a los demás.

Desechar cientos de años de crecimiento intelectual encaminado a mejorar la humanidad, por posiciones de enanos seudo científicos es la real catástrofe.

La gente sigue muriendo por patologías prevenibles por vacunas, por lo que el despropósito más ignorancia, solo tiene el resultado de dolor y muertes.

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