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El robo no tiene justificación válida

Hay cuestiones importantes que no pueden ser sobrepasadas en personas con real integridad, como atribuirse impunidades por la pobreza material o por ausencia de una justicia pronta.

Toda inconducta con auto justificación sin objetividad no debería servir ni para silenciar conciencias.

Lo de no tener trabajo como impulso de opción para robar, no precisamente se adecua a una total realidad, así como tampoco la moda vigente de conectarse irregularmente al tendido eléctrico de la Ande.

No hay argumento válido para despojar bienes ajenos y manifestar realidad social de dificultad laboral, siendo ello tan falaz como los mismos hechos punibles.

Utilizar estas excusas débiles para lucrar con la ilegalidad, o evitar gastos por servicios utilizados tiende a intentar cubrir la tradicional conducta del menor esfuerzo.

Y puntualmente evadir pagos no es privativo de personas de menores recursos, pues se ha comprobado que gente de buena condición económica, incluso empresarios, son los bandidos que por ejemplo roban energía.

Pese a auto comprensiones indebidas, la ley debe regir para todos, en igual índice y margen. La falta de castigo para evasores y “pobres” bandidos, es lo que convierte al país en un caos para la mayoría que se rige dentro de los preceptos legales con mucho esfuerzo.

Todo lo que se considera personalmente justo pero es inmoral,  sostiene a la verdadera injusticia.

El que roba cien guaraníes es igual a quien roba millones. Y esto vale para pirañitas y para intendentes.

No se discuten situaciones lamentables como la falta de una salud pública adecuada, energía cara, la inseguridad laboral, pero ello no da carta blanca para actuar como anarquistas.

Seguir en el esquema de robar supuestamente para alimentarse es una falacia, pues no precisamente se roba para pan o leche. Prestarse a este esquema no es la mejor opción ni para propias familias, ya que por repetición histórica, el eslabón más bajo es el que sufre las consecuencias de estos  males absurdos.

Las necesidades económicas no convierten lo ilegal en normal, por lo que las sanciones deberán ser aplicadas.

Todo tipo de impunidad es promotor de delitos, y el mayor responsable  de esto es el propio Gobierno que desde antaño se dejó estar permitiendo que los amigos y correligionarios de ejecutivos al mando tengan privilegios de delincuentes.

Son males con extensas cadenas, por lo que pese a ser tenido como minúsculas o necesarios, conforma el esquema ilegal que afecta a la generalidad.

Toda la población debe comprender que la ley es ley, y que desobedecerla es castigable, salvo honrosas excepciones contempladas y acordadas.

Todo Gobierno tiene la obligación de erradicar males que sustentan miserias o ineficientes servicios públicos.

La pobreza jamás será argumento válido para delinquir. Lo incorrecto nunca será bueno, y no tiene muchos atenuantes. Hay coincidencia en el pedido unísono de respeto a las leyes, pero a la hora de cumplirlas se ponen excusas como necesidades materiales o ineficiencias.

Todo ladrón cree que la única manera de sobrevivir es despojar a otro de sus bienes, así como el estafador que cree que no le jode a nadie bueno solo al que merece. Hay que cambiar esta visión y para ello, las opciones laborales deben ser incluyentes, y las autoridades ejemplos en honestidad y laboriosidad.

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