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Expertos en cubrir verdades y ensalzar mediocres acciones

En las sociedades han adquirido destaques casi siempre, expertos en cubrir verdades y ensalzar pocas acciones con el dinero ciudadano, fruto de impuestos.

Y si bien se auto-perciben como semidioses en gestiones institucionales, no pasan de ser embaucadores, cuya falta de rubor  no deja de sorprender. Esto en municipios, departamentos y estamentos nacionales.

Querer minimizar críticas objetivas y constantes que desnudan incumplimientos, no resulta en comunidades con gente que ve más allá de sus narices.

No son pocos los que reclaman mejores manejos de la cosa pública y la necesidad de que se vean acciones concretas, pues es la ciudadanía la que percibe más espectáculos circenses y acciones netamente populistas de sus referentes municipales, departamentales y nacionales, antes que crear mejores tiempos para todos.

La población debe dejar su letargo mayoritario para no cometer errores seguidos de dejarse engañar por falsedades, exigiendo sanciones a mediocres y malvivientes intendentes, gobernadores y jefes de estado.

La clase política padece de una generalización de la hipocresía y la falta de cumplimiento de promesas. Y en ese sentido, se vale de elementos hasta legales para beneficiar a los que ensalzan, respaldan y comprometen votos , pese a ser transgresores de leyes, y da “palo” a la gente que pasa a reclamar el incumplimiento de compromisos. La falta de repercusión de estas imposturas oficiales es justamente por el mismo servilismo mediático, que pasó a ser componente fundamental de un terrorismo selectivo.

Los peritos de la mentira, se valen de capangas en redes sociales, solventados con recursos municipales para aplaudir, glorificar y eliminar cuestionamientos hacía sus alimentadores.

La ciudadanía pensante debería ser capaz de ver esas cuestiones presentes y ser consciente que no todo el tiempo es posible falsear verdaderas personalidades y acciones institucionales.

El comportamiento ético es fundamental para un reingeniería moral que se expanda y que no quede solo en un ideal pensado, sino practicado.

La sociedad de por sí corroída necesita de comportamientos diferentes.

Las autoridades no solo deben administrar el dinero del pueblo con base a populismos que no dan soluciones a problemas sustanciales, pues con ello solo los evaden.

La idea de la política debe despegarse de la politiquería, pues al final esa degradación es lo que altera roles y vuelven normales desviaciones.

Es momento de proponer otra forma de convencer y no actuar con maquilladores de séquito.

La ciudad, el departamento y el país, necesitan respuestas concretar a males perentorios. Salud, seguridad, fuentes de trabajo, son o deben ser prioridades.

Urge eliminar autoridades cleptómanas para dar cabida a verdaderamente patriotas.

La base moral en cualquier estamento es fundamental, pues eso indefectiblemente se trasladará a  labores oficiales.

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