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Inutilidad o complicidad

Los  constantes hechos criminales vigentes en el Este, solo pueden tener como causa probable dos motivos precisos: inutilidad o complicidad de agentes policiales. Esto teniendo en cuenta la presente realidad, no distante del pasado, donde son protagonistas directos de robos, asaltos y homicidios.

La delincuencia uniformada no es leyenda urbana. Pero a más de haber estado siempre en actividad este tipo de marginalidad, es espantoso el crecimiento desmedido del mal cancerígeno en una institución que en los papeles está para materializar la ley y el orden público.

Semanas enteras tuvieron informaciones de hechos criminales extraordinarios, y con el olor nauseabundo de complicidad policial, pues los atracos son tan contundentes como allanamientos previos e inventariados.

No es desquiciado apuntar a la poca capacidad policial para hacer frente a los hechos delictivos, pero a este nivel no es sencilla torpeza lo que se da. Resulta llamativo que se siga con el clima propicio para delinquir tranquilamente en las narices de estructuras policiales completas.

El descrédito ganado por la institución no es gratuito, ya que basta con mirar un poco atrás para corroborar que agentes del orden fueron actores materiales de atracos de todos los colores factibles, hasta en modo “carterista”.

No generalizando en absoluto, pero si puntualizando el mayor ruido de los criminales con insignias, resta por analizar qué acciones cumplen directores policiales y titulares de comisarías. La mención es sobre actuaciones correctas, no sobre lo que permiten a cambio de jugosas dádivas.

La raíz de la maldita delincuencia es la impunidad y el famoso “permiso para el baile”.

Nadie ve, nadie escucha, nadie actúa. Típico de mafias imperantes en su momento en el departamento, y que recrudecen bajo el mismo esquema de propinas.

La torpeza natural e institucional tiene un límite que fue superado hace bastante tiempo.

No es  chiste, pero  la delincuencia policial está a la par de la ordinaria, existiendo un serio riesgo de desbancar a los del sub-mundo civil.

La Policía Nacional paraguaya necesita con urgencia reivindicarse, para lo cual deben ser consideradas estrategias distintas desde la cúpula principal.

Las experiencias dadas en otras naciones deben ser tomadas como guía, primordialmente en el manejo de Asuntos Internos, que prioricen la limpieza de la suciedad mimetizada.

Sin filtro constante, es más probable la expansión de quienes fungen de policías, pero son en realidad malvivientes.

No cualquiera puede seguir siendo policía y menos jefe policial.

Esta situación que se sale de control a cada tanto, requiere de una política criminal de impacto, por lo que es tarea a desarrollarse por las actuales cabezas del Poder Ejecutivo.

Todos quienes se manejan dentro de lo inepto o cómplice, merecen ser castigados con rigurosidad, pues lo primero se finge y lo otro se vive.

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