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La amnesia obligada

No es ninguna novedad que un importante sector de ciudadanos tenga mala memoria y acabe casi siempre dando espaldarazos a verdugos como si no hubiera pasado nada. Pero no solo le toca al pueblo esta auto-patología, pues las autoridades son los primeros en padecerla o inventarla, a fin de desarrollar lo que les plazca, o mejor, lo que les deje ganancias económicas por sobre los intereses ciudadanos.

Y es así que las promesas que la misma ciudadanía escuchó en épocas electorales, no salen del  esquema de olvido premeditado.

Las tantas promesas de estar mejor, de seguridad, educación, construcción de viviendas y trabajo, y de un país “pro-familia”, satanizando convenios con estamentos supranacionales que había sido son muy buenos para todos, quedaron en persuasión de incautos.

El lector capaz recuerde que, en tiempos de campaña, el entonces candidato a Presidente Santiago Peña prometía que los elegidos para cargos de relevancia serían exponentes de la  idoneidad, y fieles a la consigna de acción en beneficio del pueblo. También se apuntó en la necesidad de tener como biblia a la transparencia, así como la austeridad que permite mejorar las gestiones hacia la solución de los problemas que aquejaban a la población general.

Ley sería rector de conducta infranqueable de quienes estarían en puestos de tomas de decisiones.

Pero hasta el momento todo no deja de ser fábula, un terrible chiste de mal gusto, que implica vigencia de analfabetos funcionales en puestos claves y malvivientes consuetudinarios como custodios de recursos públicos.

Un rejuntado de hurreros y lamebotas dirigen hilos de ministerios, secretarías y entes.

La nueva casta que se aprovecha del poder para lucro personal.

Existen demasiadas deudas asumidas por el hoy Jefe de Estado, como para andar con olvidos o incoherencias.

Desde el auto-aumento, hasta el “copy page” del Presupuesto General de Gastos de la Nación, no pueden ser solo obviados, e intentar hacer creer que todo está bien, que se estará mejor. El absurdo y la hipocresía predominan en el incipiente gobierno de Peña, que en tan corto tiempo ya suma crasos errores por la desmemoria.

Hasta el momento el Mandatario con sus decisiones, ni se acerca a lo que prometió, convirtiéndose en protagonista de la mentira o de la manipulación extra-poder, que en cualquiera de los casos es lamentable y peligroso. Ser títere no es de líderes.

El equilibrio financiero no se logra con despidos masivos para luego contratar de nuevo a afines.

Solo se vieron tibios propósitos de mejorar, que no permitieron siquiera pergeñar el trayecto hacia lo que la mayor parte del país espera.

Uno  no pide cambios absolutos de la noche a la mañana, pero sí voluntad y trabajo para iniciarlos.

El entorno presidencial no es el más sano y todo indica que se transcurre por los mismos pasos de mediocres gestiones.

Peña debe pisar tierra, evaluar acciones obligadas y dejar de solo mirar papeles con números y directrices, pues en términos legales es quien está al mando.

Las sospechas de estar atado a hilos, dejan de ser sospechas.

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