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La inconciencia comunitaria que genera dolor y muertes

Siendo cíclico los males que acechan a la población, resulta importante analizar acciones e inacciones que facilitan padecimientos innecesarios.

Y como es propio, algunos males como el Dengue se aprestan a colocar en alerta a las autoridades encargadas del Ministerio de Salud Pública, ante el vaticinio de incidencia severa.

Pero pese a previsiones y alertas lanzadas de manera periódica, pareciera no ser suficiente para que la ciudadanía despierte en conductas de prevención y siga con la impostura que dirige al mismo resultado de ser verdugo de sí mismo.

Lo repetitivo de epidemias y pandemias pasan por la también repetida dejadez en acciones mínimas necesarias para que prevalezca la higiene por sobre la suciedad.

Preferir estar rodeados de basurales, antes que poner el escaso esfuerzo requerido para cumplir con obligaciones propias de limpieza, es un absurdo que año tras año trae consigo dolor y muertes.

Es incomprensible como no se tiene en cuenta que todo gira en torno a la higiene, hecho cultura personal y trasladada a la comunidad. Lejos de ser castigo externo, esto es consecuencia de la desprolijidad personal permanente. En esto no hay responsabilidad del Gobierno y las críticas cuando llegan con fuerza las enfermedades, deben ser a uno mismo y al entorno.

Todo hábito de higiene debe ser natural, más aún luego de tanto padecimiento sucesivo, pues en teoría se aprende con cada episodio de dolor. Bueno, esto en seres racionales.

El ser humano debe fortalecer cuestiones básicas de convivencia si es que desea seguir siendo el dominante de las civilizaciones, y no perecer por desidias que no tienen sentido.

Despreciar la higiene ni siquiera es por ignorancia, sino por pereza.

Si el Dengue ataca por la falta de limpieza de predios, donde se forman criaderos del Aedes Aegypti, y bajo estas mismas condiciones se desarrollan los propagadores de la Leishmaniasis, Zika, Chikungunya etc., es tan básico para el racionamiento que los mismos deben permanecer limpios, y sin opciones para que ello ocurra.

La mayor parte de enfermedades producidas por virus, de transmisión simple, son aplacadas en su incidencia mediante la higiene, por vacunas y adecuada alimentación.

Si la mayor parte de la comunidad solo se pasa de queja en queja, sin hacer nada, el resultado será el mismo.

Desde el correcto lavado de manos, la limpieza de patios de viviendas, consumir agua en la cantidad necesaria, y hasta tener actividad física, son fundamentales a la hora de enfrentar los males que se volvieron endémicos.

La conciencia puesta en práctica evitará que se siga padeciendo por manos propias.

La suciedad propia y la del vecino, ni siquiera es aceptable en piaras.

La conducta higiénica también debería ser primera opción en un país donde el acceso a atención en salud es un lujo, altamente costoso.

Simples medidas que apunten a concienciar sobre la importancia del agua y jabón, deberían ser parte de la política pública direccionada desde salud pública.

La salud preventiva es fundamental y sumamente necesaria, siendo la apuesta de la presente generación a fin de romper ese ciclo de desidias.

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