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La mediocridad y malvivencia de jueces no se eliminan con mordazas

Obligar al silencio sobre aberraciones jurídicas puestas como fallos de magistradas y magistrados, no resta la desnaturalización de la función, ni convierte lo abominable en admirable.

Sigue imperando lo nefasto en el ámbito de la Justicia, desde manipulación de fallos con seudo pericias, hasta la degradación del derecho superior de los niños, niñas y adolescentes, otorgando guardas y patrias potestades sin sana crítica, o sin sentido común.

No se puede culpar a medios periodísticos por determinaciones prostituidas.

Intentar abofetear a todos quienes levanten voces de protesta por no cumplirse fundamentos de la justicia, no es muy coherente que se diga. Nunca los jueces han sido infalibles en sus determinaciones y tampoco existe regla que indique que no se puede discutir fallos. Lejos de ser luces en conocimiento del derecho, existen jueces cuya capacidad intelectual es rebatida por cualquier estudiante de ciencias jurídicas. Muchos carecen hasta de lo básico en materia de ética.

La integridad  es determinante, y penosamente es un producto en falta en los órganos jurisdiccionales.

Los errores en la medicina y en impartir justicia, tienen consecuencias similares. No se trata de cuestiones menores, o de acciones sin impacto profundo.

La sociedad está regida por normas, y por ende los magistrados deberían entender que no son amos, sino servidores de la Justicia. Todo acto contrario al objetivo de las normas debe ser castigado con severidad.

Cada juez que se porte como Sisamnes, debería recibir el rigor igual al dado por  Cambises II, y expuesto en plaza pública.

La impunidad hacia los que teniendo autoridad y potestad para juzgar y sentenciar se desvían de los conductos de lo correcto y apropiado, es la peor corrosión del Estado, pues la seguridad jurídica se destruye y no se da garantía de nada.

El daño es tremendo y no existe forma de ocultar detrás de intentos de mordaza todo lo que se deshace desde juzgados. No es ficción que se vuelca la balanza hacia poderosos por la codicia personal de varios.

Todo componente que se preste a la manipulación judicial es igual de bandido, por lo que cada partícipe de ello, no es más que miembro de una organización criminal.

La ciudadanía es la afectada negativamente por lo incorrecto en lo jurídico, y no existe legalidad cuando no se cumplen todos los preceptos observables para tomar una decisión. No es populismo mostrar errores jurídicos.

La irresponsabilidad de jueces, la ineficiencia de juzgados, y la falta de autocrítica, convierten a dependencias del Poder Judicial en recintos de piaras.

No son casos aislados, sino repeticiones de posiciones incongruentes que son poco castigadas con la dureza requerida, por lo que es de significancia que la sociedad muestre sus dientes ante quienes se creen superiores por tener como arma la manipulación de las leyes. Es intolerable que magistrados actúen como energúmenos, no vivenciando la ética, equidad y honestidad. Dar a cada quien lo que le corresponde es innegociable.

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