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La moda de la mediocridad administrativa comunal

En un altísimo porcentaje las municipalidades del Alto Paraná sobresalen por repetir deudas con funcionarios y proveedores, debido a una mala administración de recursos impulsada por populismo, irresponsabilidad o  malvivencia. Probablemente todas juntas.

La imprevisibilidad no es comprensible bajo ningún sentido, ni siquiera en una despensa de barrio, por lo que todo el resultado de mediocridad en instituciones comunales es adrede, premeditado como todo crimen. No por una cuestión de interés superior se destina erróneamente el dinero municipal, dejándose de lado a funcionarios y proveedores, pues los números pertenecen a ciencia exacta, y las variaciones siempre son manejadas dentro de los márgenes de variables anticipadas.

Ninguna municipalidad mínimamente de correcta gestión puede adeudar salarios. Los presupuestos aprobados tienen, supuestamente, visión técnica y política, con avales de las Juntas Municipales y estamentos contralores, por lo que es un chiste de muy mal gusto lo que padecen año tras año empleados y empresas que proveen a gobiernos distritales.

Los intendentes municipales y los ediles oficialistas son los verdaderos responsables de debacles administrativas.

Se hizo moda la mediocridad administrativa comunal, así como la corrupción que roba al pueblo para beneficiar a mafiosas autoridades.

No hay lucecitas navideñas que puedan obviar  la insuficiencia intelectual y moral de referentes a quienes no les importa más que propios bolsillos.

Casi ningún intendente, por no decir ninguno, supera la prueba de respetar presupuestos y dar prioridad a la prioridad. Por lo tanto se cumple con la regla de politiquería barata en detrimento de los genuinos intereses institucionales.

Contratar por contratar, derrochar recursos en asuntos baladíes teniendo “manta corta”, es necedad, pero consciente.

Planificación, organización, dirección y control, son principios fundamentales en administración, no desconocidos por quienes fungen de profesionales al mando de dicha obligación. Seguir saliéndose de los lineamientos solo sumará al fiasco en mandos, insignificancia para la ciudadanía y el desperdicio del dinero de la gente.

La mala administración es un delito y quienes lo impulsan o avalan deberían sufrir las consecuencias.

No se puede seguir haciendo lo que se quiera con los haberes institucionales. Hay un gran contrasentido cuando concejales, jefes e intendentes incrementan patrimonios, mientras los que de verdad trabajan como funcionarios no cobran sueldos en tiempo y forma.

No es torpeza o desconocimiento, nunca ha sido.

La desvergüenza es notoria, pero también sigue notoria la apatía ciudadana para exigir un basta a corruptos y miserables malvivientes devenidos en jefes comunales.

Mientras se adopte como normal la desorganización manifiesta y no haya reacción en contra, se seguirá con calles intransitables, pésimos servicios públicos, planillerismo y negociados para la corona comunal.

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