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La siempre práctica populista con dinero del contribuyente

La práctica populista con dinero ciudadano tiene efectos profundamente negativos en el desarrollo económico y social de la ciudad, departamento y país.

Y es así que este populismo salvaje al que se somete toda inversión municipal, por más pequeña que sea, a más de ser detestable, tiene efectos nocivos para el mejoramiento social general.

Considerando que nada más son emprendimientos realizados mediante capital de la ciudadanía, lo de hacer alarde por ellas es un absurdo que solo puede generar aplausos en gente con enanismo mental.

En ese sentido, el populismo suele priorizar medidas de corto plazo y de alto impacto popular, como subsidios indiscriminados, ayudas directas y programas sociales mal diseñados. Aunque estas políticas pueden parecer beneficiosas a primera vista, a menudo desvían recursos de áreas esenciales como la infraestructura, educación y salud, que son cruciales para el desarrollo sostenible a largo plazo.

En la práctica son insignificantes acciones para tanta recaudación en concepto de impuestos o transferencia del dinero del pueblo, por lo que la vanagloria por el sacrificio ajeno es aberrante.

Anuncios estruendosos a cada metro cuadrado de empedrado, bacheo o mínimo asfaltado, solo son utilizados para campañas electorales, no precisamente por el principio de trasparencia. El ruido es sumamente superior a la obra, esto ayer y hoy.

El financiamiento de políticas populistas generalmente requiere un aumento significativo del gasto público. Cuando los ingresos fiscales no son suficientes para cubrir este gasto, los gobiernos locales recurren al endeudamiento. Y como se ha visto en el Este, esto lleva a un incremento de la deuda pública, lo que a su vez limita la capacidad de la comuna para invertir en  obras realmente necesarias.

Todo es más con el propósito de impacto mediático. Sin proyección, sin previsión, se gasta en tonterías como adornos navideños.

El aumento del gasto público sin un correspondiente incremento en la producción de bienes y servicios es desperdicio del dinero de la gente.

Los líderes populistas a menudo buscan consolidar su poder utilizando el gasto público para ganar apoyo político, a expensas de la transparencia y la rendición de cuentas.

Este enfoque debilita las instituciones y erosiona el estado de derecho, dando lugar a la corrupción y la malversación de fondos públicos.

Obligar a ciudadanos a que solo deben rendir pleitesía a quienes tuvieron la piedad en asistirlos, es penoso, y solo habla del nivel de ética de quienes son pintados como semidioses administradores de la cosa pública.

El circo mediático sigue y persuade a incautos.

La ciudadanía consciente no solo ve espejitos a la hora de acciones institucionales arropadas con populismo, sino que analiza, indaga, cuestiona y peticiona. La idea de sostener a populistas baratos por desidia ciudadana, hará que la mediocridad permanezca inalterable, lamentando posteriormente ello.

Es imperativo que la ciudadanía se concientice sobre los efectos adversos de estas políticas y trabaje activamente para desecharlas.

Al rechazar el populismo y exigir un manejo transparente y eficiente de los recursos públicos, se puede asegurar un futuro comunitario más próspero y estable. La clave está en la educación, la participación y el compromiso de todos los ciudadanos en la construcción  de una sociedad justa  y de correcto manejo de bienes compartidos.

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