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Los padres de la corrupción

Quizás por la falta de compresión de la medida real de la implicancia de acciones corruptas en general, poco o nada se emprenda con ahínco como para minimizarla o en el mejor de los casos hacerla excepción ante la regla.

La corrupción al ser el deterioro de valores, usos y costumbres, no se centraliza únicamente en un estamento, sino que encadena las estructuras como conductos y peldaños. Por ello su alcance es exponencial, pero por sobre todo por la tibia postura en contra que se plantea.

A cada tanto, reportes de medios locales, nacionales y hasta internacionales, recuerdan lo endémico que se ha convertido este vicio de malvivientes que incluso lo normaliza, creando castas generacionales de bandidos, que como parásitos sobreviven del Estado, sin el mínimo esfuerzo o idoneidad.

Pero si en verdad la gran mayoría ciudadana detesta el predominio de lo incorrecto, es poco comprensible su fortaleza y vigencia.

Pese a  dardos apuntados siempre hacia arriba, este mal tiene como componente principal al ciudadano que se somete, y si se quiere hasta da vitamina a la cancerígena corrupción.

No se percibe o no se quiere percibir que todo hecho de corrupción en el estamento oficial,  trunca esperanzas y anhelos de mejor bienestar, haciendo millonarios a ladrones de cuello blanco, que tienen como respaldo la impunidad de padrinos y la reacción imperceptible de la gente. Y es así que antes que tener hospitales con elementos médicos y profesionales necesarios, se tengan a hijos, esposas, amantes de ligados al poder percibiendo dinero de la gente por el simple hecho de ser apadrinados. Pareciera que no impacta que opere plenamente el mundo del revés, o en todo caso la mayoría prefiere vivir en el mismo. Se padece en todos los estamentos de servicio público por la corrupción, sea ella la protagonizada por el Poder Ejecutivo, senadores, diputados o los de baja monta.

Pero no como únicos responsables, pues el que da el dinero para coimas, el ciudadano común que no tiene ánimo de tener en regla documentaciones para circular en vehículos, el que da guaraníes para hacer pasar productos no autorizados y otros tantos quehaceres habituales, no están exentos de responsabilidades en ser padres adoptivos de la corrupción.

Toda acción corrupta daña, pese a la permisividad con que se analizan propias conductas.

El que sostiene  que todo tiene su precio, y que lo suyo es “poca cosa”, incluso estar por sobre la ley, es la ideología que cimienta la ilegalidad, haciendo cultura la corrupción. El acusar a otros de corruptos, no borra la propia.

La hipocresía de vidas de muchos lleva a ser férreos detractores de lo antijurídico, pero viven inmersos en ella, pues es más fácil parecer que ser.

Muchos de los paraguayos son también responsables de la situación país, primordialmente por la pasividad en tolerar todo lo malo y perjudicial. Las quejas ciudadanas son inocuas.

Un buen ciudadano de ninguna manera fomenta la coima, y menos accede a pedidos fuera de lo que las normas y reglas determinan. Eso es lo correcto, y lo correcto sostiene estructuras, por lo que se debería analizar qué es lo que se soporta en el presente.

Los vicios del poder solo prevalecen por que no se actúan en consecuencia o la gran mayoría lo practica.

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