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Pasarse de la raya

Sin absoluto ánimo de apología a la xenofobia, en la que han sido históricamente los mejores del continente,  cierto sector político, diplomático  y ciudadano de la vecina República Argentina, considera “pasarse de la raya” el hecho que el Gobierno paraguayo se anime a exigir el cumplimiento de derechos internacionales vulnerados, con la extorsión nacida por el uso de aguas compartidas, que confiere tratados y acuerdos sobre la hidrovía.

La historia confirma que desde los orígenes de la República del Paraguay, desde el río de la Plata se ha intentado menospreciar la autodeterminación y los derechos propios de la nación, dándose a cada tanto episodios intolerables que afectan la actividad comercial y la natural integración de los pueblos.

Pasarse de la raya es actuar de peajeros pillos, al saber que siendo un país mediterráneo tiene limitadas vías de transporte externo.

De ninguna manera, golpear la mesa ante haberse agotado todas las instancias de diálogos y pedidos diplomáticos de levantar trabas absurdas, es romper con la “buena vecindad”. No hay que perder de vista que las buenas relaciones no implican necesariamente bajarse los pantalones ante cualquier postura venida de Buenos Aires, por ser sencillamente de ese origen.

Rasgarse las vestiduras, porque Paraguay levanta la voz de protesta y hace uso de su derecho autónomo de ocupar  el 100 por ciento de la energía producida por Yacyretá  que le corresponde, es una mala capia del propósito del pasado sepultado en Paraguarí allá por 1.811.

La autonomía no es solo para la Argentina, por lo que las decisiones soberanas, basadas en acuerdos internacionales, normas binacionales y el propio sentido de regionalismo, no superan márgenes permitidos.

Siendo potencia en el rubro de transporte fluvial, la situación vivida hace meses con el abuso de costos, es un gran perjuicio que se hace a sabiendas y sin querer entender razones. Y ni siquiera hace falta ir muy lejos para sentirse plenamente extranjeros y desfavorecidos, pues al cruzar la frontera, muchas veces connacionales viven las de Caín por el simples hecho racial, tratados como inferiores por los “hermanos”.

La posición paraguaya es la adecuada y luego de mucho tiempo la firmeza apropiada de un Presidente de la República y de exponentes de la Cancillería, son dignas de destacar, no por un pseudo nacionalismo, sino por animarse a levantar la cabeza para mirar de frente, y no tolerar tomaduras de pelo en la propia casa, generadas por nada más y nada menos que el Ministro de Economía y candidato oficialista a la jefatura de Estado.

La ley pareja hace visible que no solo se posee derechos en el concierto de las naciones, sino obligaciones. En las negociaciones no solo una de las partes puede salir beneficiada. Respetar para ser respetado.

La reciprocidad siempre es válida, por lo que un buen trato, tolerancia y la preferencia de la conducta amistosa, deben ser entregadas en la misma proporción, así como lo contrario.

Se han pasado demasiado la raya desde los albores de la historia republicana, por lo que es momento de no claudicar y ejercer una política exterior paraguaya útil,  justa y necesaria.

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