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Poner al zorro cuidando gallinas

La práctica gubernamental de ubicar en cargos de preponderancia y manejo de recursos públicos a exponentes de dudosa honestidad y capacidad, es tan similar al poner al zorro como cuidador de gallinas.

Es un riesgo  real, donde experiencias deberían ser suficiente motivo para consideraciones o reconsideraciones en torno a nombramientos. Si bien todo Presidente, Gobernador e Intendente, tienen la facultad de elegir a integrantes de sus respectivos gabinetes, debería primar la aptitud, la capacidad de gestión y por sobre todo la honorabilidad.

Es una cuestión de sentido común, que uno tenga confianza en personas íntegras, y no por una cuestión netamente de compromiso electoral, ya que la relación “mbarakaja so´ondie”, tiende a ser tan inquebrantable como instintivo.

Quizás con mucho de presunción, no existe mala intención, solo análisis de una realidad experimentada en varias instituciones públicas, por los mismos personajes que de nuevo están en escritorios con lapiceras para decidir en qué y cómo se usará el dinero del pueblo.

Por un planteamiento racional, se pone a los mejores en los puestos de referencia, a fin de desarrollar planes y proyectos que beneficien a la ciudadanía, bajo postulados de lo correcto. Todo quien posee denuncias serias y procesos pendientes ante la misma justicia, no puede ingresar dentro del cuadro de lo ético y honorable.

No se genera precisamente buena expectativa con nominaciones de gente con poca reputación, por lo que el trabajo es doble para Ministros, Directores y Jefes de organismos y entes gubernamentales, mientras que la tolerancia mínima es de la población ansiosa por experimentar el slogan electoral del Presidente de la República, Santiago Peña, estar mejor.

No hay margen de error, por lo que lo apropiado es que cada evento que desemboque en dudas o desprolijidades administrativas y de gestión, no tenga otra consecuencia que el cambio sin titubeos por parte del Jefe de Estado, quien es el principal responsable por rendimientos del Estado, al menos en los papeles.

No se desconoce que toda persona puede reivindicarse y aprender con errores, sean ellos intencionales o no, por lo que se espera muestras claras de aquellos que tienen la responsabilidad y obligación a cuestas de transparencia y buena gestión. La apuesta prometida es mejorar, por lo que no se puede aceptar resultados distintos.

Excusarse en el desastroso gobierno anterior, tampoco es anestésico suficiente para paciencias más allá de lo razonable.

Un estratega debería ser quien tome las decisiones, no dejándose llevar por dominaciones de facto.

Peña y el equipo designado mostrarán reales propósitos y capacidades desde el vamos, siendo ese el lapso donde evaluaciones ciudadanas marcarán tendencia, por lo que escuchar al pueblo es la mejor opción que se tiene.

De la misma forma, la comunidad deberá ejercer su rol de reclamo ante lo que no se hace bien, evitando la pasividad habitual.

Es necesario optar por lo conducente, sin excusas ni terquedades. Repetir los mismos errores de antecesores desembocará en la misma mediocridad.

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