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Salvadores de la patria

En la historia de la humanidad han aparecido siempre personajes que se proclamaban salvadores de la patria, restauradores de la paz y la justicia, y reivindicadores de la política, pero siendo meros hipócritas, falsos mesías.

Y como es propio de quienes en el caos ven una posibilidad de sacar provecho, en este tiempo de gran descrédito hacia el Gobierno Nacional, ya aparecen los vestidos de patriotas, prometiendo una reconstrucción moral.

Pero es importante observar la autoridad moral de quienes están como siempre colocándose el clisé de diferente, pero siendo solo distinto a los actuales en color y nombre.

¿Qué de diferente pueden ofrecer seudo-anarquistas, emocionalmente desequilibrados, protectores del consumo de drogas, lujuriosos, con cuentas pendientes con la justicia? Hablar de inmoralidad de otros, obviando la propia, no es precisamente garantía de que prevalezca lo de haz lo que yo diga. Sin entrar en juicio de la corrupta conducta de los actuales referentes del Estado, lo actuado hasta la fecha de los “diferentes”, no despierta tanta garantía de que las cosas van a cambiar, al menos para mejor.

Apelar a unidades bajo denominaciones de democráticas, pero tener a rufianes, ignorantes y traficantes de influencias como integrantes, es un chiste de muy mal gusto para la gente que no se fanatiza por iguales. Lo incorrecto es incorrecto, provenga o no de correligionarios.

La selectividad para denunciar malvivencias, también convierte en tales.

Comenzar peroratas y sustentar campañas en la podredumbre de terceros, intentando minimizar propios hedores, es perder la memoria muy rápido, apelando a la misma desmemoria de mucha gente. Si bien el “enemigo de mi enemigo es mi amigo”, optar por unirse con aves de rapiña, acrecienta la posibilidad en ser alimento de otro carroñero. ¿La certeza? La conducta anterior marca más que discursos, y ser poco cuerdo no debería hacer de nadie opción de cambio.

Para sumar incertezas de que llegue el paraíso al Paraguay, está el coqueteo indisimulable hacia cualquier figura que pueda eventualmente dar votos, incluso hacia quienes se han lanzado reiteradas veces denuncias de corrupción y epítetos de sucio delincuente común. ¿Dónde está la diferencia? La unidad entre iguales es propia de la naturaleza humana.

El error ajeno no convierte inmediatamente en mejores a otros errantes.

Intentar persuadir a la ciudadanía con populismo barato, ha sido herramienta histórica de la mediocridad oficial y que ya no debería prender, al menos en gente que tiene lo básico de sentido común. De momento no hay opción diferente, pues los séquitos son los mismos.

Si se desea un cambio útil para la generalidad, debe ser concretado por el pueblo, exigiendo conductas éticas y patriotas de todos quienes tienen la representación del poder. Esa es la mejor opción.

La propuesta actual es el cambio de seis por media docena.

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