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Sin presión social no cambiará ninguna realidad lacerante y denigrante

En la actividad política, o mejor en el ámbito politiquero, abundan expositores que primero generan risas, luego indignación.

Muchos de entre quienes ostentan algún poder investido por voto popular,  y otros que pese a no tenerlo legalmente lo ejercen, no son más que hipócritas e inservibles para el bienestar general.

Los que solo saben hablar mucho y hacer poco, los que tienen ataques neuróticos cuando  adversarios políticos utilizan la misma medicina para mismas dolencias puestas en práctica, y que alzan la voz para vomitar improperios contra todo quien se anime a señalar inoperancias o malvivencias, son los que sobresalen. Llenos de aire de grandeza, al igual que un globo.

Los famosos líderes políticos, quienes viven de la inocencia del pueblo y que gozan con angulemas inmerecidas de séquitos pagados con dinero del pueblo, tratando de hacer olvidar de hechos de corrupción y uso de influencias para colocar a sus hijos como asesores ataja cartera, confirman que lo incorrecto sigue sin alteración alguna.

Diputados y senadores por el departamento que no han hecho nada de útil por la región, solo para propias economías y de quienes los siguen como perros por algo de hueso, conforman la representación altoparanaense. Vacíos de vergüenza y de patriotismo. Todos ellos se visten con caretas de bondad para esconder inmundas personalidades, que sobreviven dentro del caos, pescando en río revuelto.

Expertos en persuadir a fin de buscar respaldos en cada evento electoral, pues el pueblo es casi cautivo del desinterés e inacción. Impulsan la extorsión, chantaje y aprovechan la necesidad del prójimo. Son sostenedores de lo inmoral con tal de que algunas monedas caigan en alcancías sucias. Hacen alarde de estar en cercanía de poderes de facto, lo que les permite la impunidad y desvergüenza.

Cómo es posible que se siga exponiendo a vástagos por 9 millones de guaraníes, enseñándole que la falta de preparación, que ser planillero y vivir bajo la pollera de mamá, son normales para ciertas castas, que la ética y la moralidad no sirven.

Dirigentes “opositores” que gozan de la fresca viruta, sin entender que solo son presas de una trampa que los conduce a la división y por ende al fracaso, no son casos extraños o nuevos en la fauna política local y nacional.

La esperanza de tiempos diferentes, de avances y de erradicación de la corrupción, no son factibles con personas que viven del prebendarismo y que se someten al servilismo desvergonzado por sobre obligaciones de representar los genuinos intereses del pueblo.

Mientras los que deberían estar atentos a los fenómenos sociales y políticos prefieran luchas intestinas por migajas, sucederá todo lo que no se quiere y perjudica a la mayoría ciudadana.

Se sigue estando muy lejos del interés por el bien común, pues la clase política repite gustos por revolcarse en propias mediocridades, total se percibe dinero por ello.

Mientras la comunidad no se mueva de su zona de confort y ponga en práctica el discernimiento, no se podrá castigar a quienes no hacen bien sus deberes y compromisos. Hay que obligar a desprenderse de pesos politiqueros en contra, pues con ellos solo se retardan  procesos de mejorar las condiciones de vida de todos.

Sin presión social no cambiará ninguna realidad lacerante y denigrante.

 

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