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Sostener mayorías y lealtades

Lejos de ser algo nuevo, mayorías en corporaciones legislativas se forjan con base a intereses políticos y con propósitos de gobernanza, logrados generalmente con sobornos.

Sin dudas que las mayorías también pueden ser concretadas con asuntos coincidentes más altruistas, y fundados en el bien general, pero por experiencias, en Paraguay, y puntualmente en Ciudad del Este, no hay mucha excepción a la regla planteada inicialmente.

Al soborno se lo conceptualiza como todo ofrecimiento directo de “dinero, servicios u otros objetos de valor”, con el que se persuade a otros a realizar algo que interesa al proponente a cambio.

En todas las instancias, en todas las dependencias, en todas las instituciones siempre aparecen las mordidas, las conocidas propinas que además ayudan al secretismo y a las denominadas cuotas de protección.

Y es así que se logran consensos, y por sobre todo impunidades que perjudican al pueblo, y para peor de males, pagados con el mismo dinero del pueblo.

Tiempo atrás esta práctica generaba algo de vergüenza, tratándose siempre de ocultar y borrar evidencias que pudieran exponer circunstancias ante la ciudadanía. Sin embargo, en este tiempo puede exponerse sin rubor alguno y alegremente ante medios de comunicación, que se pagan por votos de concejales municipales, asegurándose “tranquilidad” para ejecutivos.

Si bien es una herramienta más que útil para dar resultados a propósitos no precisamente de utilidad general, caemos en que el esquema mafioso de la corrupción sigue operando a toda máquina y con el aceite preferido: dinero del contribuyente.

Dejarse sobornar, también es delito.

El mercantilismo en la Junta Municipal de Ciudad del Este no varió. La mayoría vigente se maneja con el mismísimo esquema de seducción, evitando transparencias en el uso de la cosa pública y dejando en mero lloriqueos a los de la oposición colorada, quizás no precisamente por alguna convicción inalterable de integridad, sino por el valor no convincente de la propina. Casi siempre es más fácil comprar lo más barato.

La ciudadanía no está representada en mayorías proteccionistas que conducen a lo vil, por lo tanto seguirá a merced de organizaciones montadas para delinquir, permitiendo la generación de millonarios a costa del contribuyente.

El robo, sea apañado por mayorías o no, sigue siendo robo, y el hacer la “vista gorda” solo convierte en marginal de menor rango, pero igualmente hediondo.

El pueblo elige a sus autoridades para que las acciones sean correctas y apropiadas a sus intereses, no para que jefes comunales toxicómanos y ediles se repartan dinero. Difícilmente una lealtad basada en dinero se sostenga, pues por lo general la codicia no tiene límites y la torta es requerida por otros hambrientos que hoy juran amor, pero al beneficio dado por cargos.

A la facilidad de chabacanerías y bravuconadas, al menos debería mantenerse la vergüenza dentro de límites naturales, y no ser tan explícito en cómo amaestrar canes sin pedigree, y del valor de asesoramientos “caligulescos”.

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