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Unidad para lo necesario

Como siempre, se repite sobre propósitos de unidades políticas, consensos, acuerdos, con el fin de fortalecer bloques y aspirar a mejorar fortalezas electorales, ante próximos compromisos comiciales. Pese a que por repetición histórica,  no precisamente se siente como real cerrar círculos, por la diversidad de especies y castas que se desea presentar como la mejor opción ante los “malos”.

Ya en la previa de las conversaciones entre referentes políticos, se percibe división, enfrentamiento y anticipos de conjunción de gatos en bolsas.

Sin dejar de ser cierto que el país no necesita de más enfrentamientos en este tiempo, pues las mismas confrontaciones naturales que se dan en los diferentes partidos políticos son suficientes, atribuirse unidades con propósitos monopolizadores, no representa ninguna solución. Sean colorados, liberales o de Yo creo, ninguna unidad entre iguales, es la fórmula apropiada, pues por experiencia vivida, se convierte en asociaciones criminales para autoprotección y prevalecer en fechorías.

Ser líder de jaurías no es muy de pacificación y búsqueda de progresos.

Debido a los actores que hoy se presentan como paladines de la justicia no precisamente vivencian autopercepciones, pues hasta la fecha ninguna mancomunión ha sido en pos del pueblo.

Imposiciones y caprichos pre-electorales no deberían figurar como elemento a ser considerado por el pueblo, pues al final de cuentas es copia de quienes hoy están en el poder nacional.

Lo que sí debería ser coincidente, tiene que ver con comportamientos concordantes con la necesidad de la gente y no con propósitos egocentristas de ir por más poder persuadiendo a incautos.

El Paraguay requiere de todos los sectores, de la unidad para lo necesario, para dar soluciones integrales a los problemas sociales de la ciudad y el país, no para sustentar un proyecto electoral con sapos y culebras.

Cerrar filas en torno a una plataforma comicial no es más que la proyección de querer seguir mamando de las tetas del Estado y repetir mediocridades oficiales.

Tener a miembros unificados que coincidentemente perdieron la capacidad de vergüenza y permiten manoseos de esperanzas de mejores manejos de la cosa pública, no es la mejor apuesta para lo correcto.

Rever posturas de mandos anteriores, fomentar un entendimiento entre los actores políticos son acciones que sí se pueden catalogar como efectivos comportamientos de autoridades.

Acordar sobre proyectos de beneficio general, sí es acción de estrategas.

La construcción moral de Ciudad del Este y el  Paraguay es deuda de larga data, y cuanto más se sume en la lucha contra la corrupción, la inseguridad, la falta de trabajo, el pésimo servicio público, es la consigna.

Todos deberían trabajar en conjunto pues ya están en esferas del poder, y no solo ocuparse en construir unidades comiciales. Todo líder verdadero, debe coordinar y buscar la manera de no de excluir o dispersar, esa si es conducta unificadora de utilidad.

Los partidos políticos con sus respectivos exponentes, deben recuperar el patriotismo y dejar de profesar la idea que la política fue creada para acceder a espacios para auto-lucro. El bien común debe primar, pues en teoría todos los líderes de la política pretenden mejorar la vida de los gobernados.

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